Emergencia por una Política de Salud Mental: Psiquismo y violencia generalizada en Chile

Por Breno Donoso

¿Qué tan violentos somos nosotros mismos con los otros? ¿Hasta qué punto infringimos dolor sobre las almas y los cuerpos de los otros seres humanos hasta en la cotidianidad más próxima? ¿Qué tan conscientes estamos de los problemas de salud mental de nosotros mismos? ¿Cómo los afrontamos? ¿Lo enfrentamos realmente? ¿O camuflamos nuestros desequilibrios psíquicos bajo distintas capas de sustancias? (y con sustancias no hago alusión solo a las drogas, también a las sustancias que emiten ciertas conductas pasionales, adrenálicas, renegatorias desde el cuerpo y la cotidianidad).

El distorsionado murmullo de los medios de prensa inocula morbo, falsía, expectación, miedo, y la menor de las veces, atina con la contingencia respecto de  las verdaderas emergencias y batallas psíquicas de los seres humanos y el inconsciente colectivo.  Como si la mente estuviese atrás, escondida de todo, y la imagen prevaleciera; nuestro complejo y convulso sistema psíquico engendrado en estas sociedades trasmutadas, heridas, flageladas, resentidas, en fatiga de material. Tanto así, que me sorprende encontrar noticias que traigan a la discusión las graves problemáticas mentales que cruzan horizontalmente a la sociedad chilena:

En menos de 12 horas 3 personas intentan y se suicidan en el Metro de Santiago.

De inmediato, cifras sensacionalistas:

““el 10, 12% de la población mayor de 18 años en algún momento de su vida presentará un cuadro depresivo”, expuso el profesional de la clínica de la universidad de Los Andes”

¿El 10, 12% de la población mayor de 18 años? En las calles, hogares, trabajos, metros, micros, discos, comisarías, tribunales, por todos lados violencia psicológica, y en cada rostro un gesto conturbado devela interiores y subjetividades contrariadas, enajenadas, reprimidas en su sensorio: psiquismo inexplicable y peligroso donde transitamos a diarios con  nuestra gama de colores, máscaras y  fantasías distintas. Una diversidad que se encuentra tan o más vulnerable a la violencia que antes de la concesión de un puñado de derechos insuficientes y teóricos, cuya sociedad civil no se le condice con ninguna praxis dentro del comportamiento social que a diario comprobamos en más asesinatos y actos discriminatorios. 

 ¡¿Un 10, 12% de personas enfermas de la psiquis?!

Se aboga, lo primero, por una política de salud mental que contemple el acceso justo de la población a los servicios psicológicos, psiquiátricos, mentales, pero se deja de lado, nuevamente, lo más importante: comenzar por un cuestionamiento propio de pies a sien: uno mismo; de frente a pies: el Otro. ¿De qué ha servido llenarnos la boca de humanismo y teorías psicosociales, si no hemos sido capaces de comenzar a digerir el pasado doloroso, lleno de prácticas vejatorias e hipócritas, que nos ha acompañado desde otras razas y generaciones?

Se cuenta que Violeta Parra planeaba montar una especie de ópera, con su composición musical “El Gavilán”, cuyos conjuntos melódicos servirían para exorcizar, a través de un triple diabulum, la violencia  y los males psíquicos derramados en las almas no de un 10, 12%, sino de toda una población que sufre, congestiona y resiente a su alma con un devenir apresurado, egoísta, cuya desesperanza aprehendida respecta tanto a la desigualdad económica-estructural como a la desigualad respecto a la higiene mental  y al autoconocimiento de nuestras facultades para extirpar la inoculación violenta y quemante de un sistema neoliberal sobre una sociedad aletargada y auto aletargándose con propensión al auto boicot y a al auto exterminio.

Los signos y consignas de las emergencias psíquicas en la actualidad no deberían estar siendo consideradas como un tema secundario, sino como un tema central para comprender los demases debacles estructurales, culturales y de género de esta actualidad demencial.

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