Mistral disidente

Por Breno Donoso

“Pertenezco al grupo de mal aventurados que nacieron sin edad media: soy de los que llevan entrañas, rostro y expresión conturbados e irregulares a causa del injerto: me cuento entre las hijas de esa cosa torcida que se llama una experiencia racial, mejor dicho, una violencia racial”

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A lo largo de toda su vida Gabriela Mistral fue una disidente: partió siéndolo en el momento que se convirtió en maestra y escritora. Lucila vivió su infancia-origen junto a su madre Petronila y su hermana Emelina en la aldea de MonteGrande, Valle de Elqui, cerca de los años 1890 y 1910: entre los faldeos de las montañas transfiguradas y la franja verde que recoge agua para viñedos y siembras. En esta etapa una adolescente Lucila experimenta en la influencia de su hermana Emelina, la acción de la maestra que sumida en hostilidad, saca adelante a sus gentes a través de una alfabetización sensitiva, en comunión con el planeta hacia los saberes.

En el poder de las letras, Lucila transita a Gabriela, la escritura se condensa en ella, nace dolorosa y lúcida: las construcciones sociales y culturales de su tiempo la constriñen a pasiones impotentes que ella disiente confinándose a una tribuna pública, poética, crítica, impensado para una mujer que no provenía de ninguna elite social ni económica, impensado para una mujer que debía aceptar su confinamiento al espacio privado del hogar: para romper estas cadenas, viajó por todo el territorio, de Antofagasta a Magallanes, haciendo clases para estudiantes, y obreras por las noches, en escuelas marginadas. Escribió artículos prístinos abogando por la instrucción de la mujer en la educación: “Porque la mujer instruida deja de ser esa esposa monótona que para mantener el amor conyugal no cuenta más que con su belleza física y acaba por llenar de fastidios esa vida en que la contemplación acaba. Instruir a la mujer es hacerla digna y levantarla” (1905); escribió acusando la intromisión imperialista yanquee sobre nuestros territorios: “Nosotros ensoberbecimos a ese Norte con nuestra inercia; nosotros estamos creando, con nuestra pereza, su opulencia; nosotros le estamos haciendo aparecer, con nuestros odios mezquinos, sereno y hasta justo” (1922); cito prosa de Mistral, porque son estos textos los que me interesan abrir para mostrar a la Gabriela disidente, recalcar que está en su obra en prosa la riqueza donde se recoge a la escritora libre pensadora y disidente, desmanteladora de burocracias, violencias y falsos iconos patriarcales.

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Mistral como aporte a la discusión de la perspectiva de género: transgresora,  puesto que la historia de su vida está marcada por desacatar los arquetipos e identidad convencional de una mujer doméstica y silenciada, confinada  a la maternidad: disidencia ante el orden establecido desde la configuración de un personaje, de un alter: místico, andrógino, en perfecta vibración con el universo, que muta, transmuta de siglo en siglo con un raudal de símbolos, signos, consignas, contradicciones y aprendizajes respecto de la subversión del género, removiendo categorías binarias, heteronormadas.

Una mujer que se desplaza, y es desplazada, en un desplazándose en distintos órdenes del discurso de género e identidad social, cultural, literaria. Gabriela como una ancestra clave para la comprensión, a través del sensitivo prístino, de las potencias y epifanías del universo, el planeta y el ser humano, comprensión conducida por el gesto de amor y entrega, partiendo por un serio cuestionamiento sobre las bases educativas de la población, para poder acercar el pensamiento crítico vuelto praxis para esta comunidad deshumisándose, violentándose  sobre la base de la estructura económica, comprensión, nuevo despertar de las conciencias en pos de revisar, redefinir nuevos derechos y deberes humanos.  

Pensé en un texto que sea capaz de convocar a la ciudadanía en torno a la valoración del legado de Mistral, relacionándolo con las luchas pasadas y presentes por la igualdad  entre los distintos géneros sobre derechos salariales, sexuales, reproductivos.  Pensé en una lectura que sea capaz de acercar al mujerío y a las comunidades LGTBI la obra de Mistral. Una lectura, pero no desde su vida, no desde la especulación subjetivista, no desde su biografía, no desde el intruso anecdotario sensacionalista que se le ha construido, sino por su obra, como corresponde, por su legado educativo, cívico, poético, librepensador.

Su poesía también es disidente por dolorosa, si comprendemos que ese dolor es el retrato de las pasiones humanas propensas al fracaso, a tambalear en el limbo del sin sentido: la disidencia es, por tanto, la discontinuidad que se produce de las costumbres y pensamientos dados, preestablecidos: ya no se acata ciegamente el conjunto de prácticas inoculadas por el macro poder, se crea un espacio propio, una mascarada, una obra que sea capaz de exhibir las heridas psíquicas legadas de generación a generación en la historia latinoamericana, para exorcizarlas, en agenciamientos. En este sentido, su exploración mística le permite acceso privilegiado a los sensorios humanos para destrabar rancios complejos y catástrofes éticas.

Es tiempo de que abramos la discusión, no desde los dogmas religiosos, no desde posiciones pedantescas, arribistas, sesgadas; abramos la discusión, por medio del ejemplo, de la consecuencia de la Maestra Mistral, de su intenso amor, de su incondicional humanismo. Estudiemos su obra para hablar de su vida, seamos respetuosos con su legado, no lo utilicemos bajo consignas personalistas, hagamos de su obra el bastión de una nueva era que mira al planeta, a la mujer y al género, al universo, con ojos desprejuiciados y compasivos: educadores y receptivos.

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Mistral y las Locas Mujeres:  En 1922, Gabriela salta de la página y del país, y se va con 33 años de Chile, luego de una incansable praxis educativa y protéstica contra el letargo de la burocracia y el pensamiento chilenos. En el extranjero (México, Argentina, España, Italia, Portugal, Brasil, Puerto Rico, entre otros países) condenó el fascismo y todo fanatismo que pasara a llevar los derechos humanos. En cuanto a su lesbianismo, actualmente existen colectivas que utilizan a Gabriela como icono de sus luchas disidentes de género, pero desconocen que su pensamiento político no es abiertamente feminista en su tiempo. Gabriela fue más allá, para ella no bastaba con el voto femenino: se necesitaba toda una revolución del género, estructural educacional primero, un re-definir prioridades. Criticó a feministas como Amanda Labarca por representar un feminismo de salón que Gabriela detestaba, pues sus ojos estuvieron entre el mujerío y la infancia pobre falta de educación y oportunidades. Vivió y escribió con una poesía mágica que se agenció la tarea fundamental de visibilizar y exponer las injusticas y violencias, sobre todo, de Chile y Latinoamérica.

Breno Donoso, Sociólogo -Escritor – Mistraliano.

Gabriela Mistral y su gineceo (Selma Lagerloff, Emile Bronte, Alfonsina Storni, Teresa de la Parra, Victoria Ocampo, Carolina Nabuco, Luisa Luisi, Blanca de los Ríos de Lampérez, Victoria Kent, Carmen Conde, María Monvel, Isolina Barraza, Marie Curie, Virginia Woolf, Emelina Molina, Petronila Alcayaga, Laura Rodig, Doris Dana, Palma Guillen, etcétera) dan cuenta de la extraordinaria hazaña que debieron recorrer las mujeres, cuya copa con agua sagrada, debemos de repartir para volvernos cada vez más consientes, desde las diversidades sexuales, sobre los abusos e injusticias hacia toda la diversidad, no solo sexual. Desde ese radio abramos el radio hacia otras batallas simbólicas y sociales.

Por último, les comparto este fragmento que escribe Gabriela sobre el poder y que se vuelve actual y profético-político en nuestros días:

“El gran corruptor ha podido con el billar entero y las bolitas corren a su gusto haciendo su juego. El Patrón de Juegos no es siquiera un maquiavélico ni un zorro: es un palurdo vuelto futre elegante y sonriente que ha hecho polvo nuestra economía pobre, usando ese polvo mismo en crear empleos y repartir gollería”

Villa Alemana, 20 de mayo 2019

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