Carta de un actor porno a su hija transgénero

Nacho Vidal es un reconocido ex actor porno de 43 años y de nacionalidad española, su desempeño en el mundo del entretenimiento para adultos lo ha posicionado como un referente de la pornografía y como una leyenda de esta cultura. Las producciones donde participaba Vidal lo presentan como un hombre fuerte y masculino, cumpliendo con la típica fantasía porno de la masculinidad inquebrantable; sin embargo, una vez más la experiencia de vida de este actor nos recuerda que dichas películas son una fantasía y que los estereotipos se alejan de la realidad.

Recientemente, Vidal abrió su corazón y mostró su lado más humano, al declarar a los medios de comunicación que tenía una hija transexual de nombre Violeta. La menor que al nacer fue asignada como varón descubrió su identidad de género a muy corta edad y pronto de lo comunicó a sus padres.

Como resultado de esta noticia, Vidal y su esposa comenzaron a sentir que tenían una deuda con su hija por haberla asignado hombre al nacer, a la vez que experimentaron un gran compromiso con el resto de las personas transgénero en el mundo, sobre todo con los menores de edad.

En un acto de solidaridad con la comunidad trans en el mundo y como una forma de dar voz a los niños transgénero, Vidal compartió una carta íntima que escribió a su hija para expresarle su apoyo. La misiva ha tenido una gran aceptación porque expresa el sentir del actor como padre e invita a otras personas a reflexionar sobre la homofobia y la transfobia que practicamos sin darnos cuenta.

A continuación te dejamos la emotiva carta escrita por Nacho Vidal.

Querida hija:

Te escribo esta carta para que sepas, de mi puño y letra, lo que siento y lo que pienso sobre ti, Violeta. Recuerdo perfectamente el día en que naciste: estábamos en casa de mi gran amigo Miguel Bosé, pasando unos días con tu madre, y de repente quisiste salir.

Eras ochomesina, por lo que resultaba bastante peligroso. Al nacer, te tuvimos en una incubadora, y mamá no paraba de llorar porque no podía tocarte. Al final, por fortuna, todo salió muy bien y creciste normal, como cualquier niña. O como cualquier niño, pues por aquel entonces todos pensamos que habíamos tenido un niño y te llamábamos Nacho, como yo.

Con el tiempo nos dimos cuenta de que eras una persona muy fina, muy sensible; corrías diferente a los niños, hablabas diferente, te gustaban las cosas diferentes a las que hacían los niños. No te gustaban las pelotas, sino las muñecas; no te gustaban las zapatillas, sino los tacones; no te gustaban los pantalones, sino las faldas. Por aquel entonces, llegué a pensar que tenía un niño y que posiblemente sería homosexual, pero nunca se me cruzó por la cabeza que podías ser una niña.  

Pasaron los años y, un día, tu mamá y tú visteis un documental en la televisión en el que salía una niña transexual. Cuando terminó, le dijiste a tu madre que eso era lo mismo que te pasaba a ti. Tenías solo 6 años. En ese momento me di un tortazo de realidad y entendí lo que estaba pasando. Automáticamente, te dije que al otro día iríamos a comprar toda la ropa que quisieras, para cambiar tu armario de niño a niña. Con mucho miedo, claro, porque vivimos en una sociedad que no tolera, que no respeta ni empatiza; una sociedad que no entiende esta situación.

Desgraciadamente, la gente no es correcta con estas cosas, y no te creas que va a ser fácil para ti. Infortunadamente, vivimos en una sociedad que no acepta diferencias: todo lo que se salga de la norma es malo o está endiablado o es feo o es obsceno.

Le guste a quien le guste, o no le guste a quien no le guste, existes. Has nacido. Eres. Y vas a ser siempre lo que eres: una niña. No vamos a luchar por absolutamente nada porque en la vida no hay que luchar, hay que ser feliz. Con esto quiero decirte que siempre voy a estar a tu lado, que todos vamos a estar a tu lado, y que vamos a ser felices en esta situación que Dios nos ha dado, y que para mí es una bendición.

Tenerte es una bendición. Eres un ángel caído del cielo para nosotros, eres un ser único: muy cariñosa, inteligente, noble, y con eso es con lo que se debería quedar la gente. Nunca me va a condicionar la gente, ni lo que piensen. Porque imagínate, yo, quien soy, ¡Qué me va a importar lo que diga la gente! Vivimos demasiado ocupados en lo que dirán y no en lo que nosotros decimos.

Así que gracias por haber nacido, gracias por darme lo que me estás dando, y quiero que sepas que hasta muerto siempre estaré a tu lado.

Te quiero mucho, hija.

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