El Permiso para Odiar: Cuando los Gobiernos son Cómplices del Retroceso LGBTIQA+.

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En el día internacional de la Visibilidad Trans es imposible no detenernos y poder reflexionar, en torno a situación actual que aqueja a la comunidad LGBTTIQA+, en las últimas semanas, el actual gobierno ha ido cercenando los derechos alcanzados por esas cuerpas: Trans, Gays, Lesbianas, Bisexuales y No bianries.

Pero en estos  últimos 20 años, nuestro país dio señales de avances significativos en materia de la lucha de derechos de la comunidad LGBTTIQA+;  Donde Chile intentó convencerse de que el progreso era una línea recta. Creímos que los avances logrados eran muros infranqueables contra la intolerancia, pero hoy vemos cómo esos muros se desmoronan bajo el peso de un discurso político que ha vuelto a normalizar la intolerancia, la discriminación y las agresiones.

Nuestra región en los últimos 10 años ha concentrado de forma significativa las estadísticas en materia de agresiones físicas, psicológica e institucional, sin ir más lejos en el último informe de Derechos Humanos realizado por el MOVILH,  las denuncias por homo y transfobia han escalado drásticamente (con un aumento del 52% en 2023 y un preocupante 27% adicional en 2025). El aumento sostenido de las agresiones físicas no es un fenómeno aislado: es el síntoma de una sociedad que ha recibido, desde sus esferas de poder, un permiso implícito para odiar.

Este clima no nace de la nada; Es el resultado directo de la legitimación de discursos de odio que, bajo el disfraz de la «libertad de expresión» o «valores tradicionales», han permeado el debate público y legislativo. Cuando desde la política se cuestionan programas de acompañamiento a las identidades de género diversas, y a las niñeces trans, o se dilata la protección integral, se está enviando un mensaje peligroso: donde pareciera que  ciertas vidas valen menos.

La Retórica que Valida el Golpe

No es coincidencia que el repunte de la violencia coincida con el auge de sectores políticos  que han hecho de la identidad de género y la orientación sexual su principal campo de batalla ideológico. Cuando figuras con poder de decisión o representación legislativa tildan los derechos de la comunidad de «ideología de género» o proponen desmantelar programas de salud trans bajo la bandera de la «protección a la familia»,están haciendo algo más que política: están deshumanizando.

Esta deshumanización es el preámbulo necesario para la agresión física. El atacante en la calle no actúa en el vacío; se siente respaldado por un clima de época donde se le dice que su intolerancia es, en realidad, «libertad de expresión» o «sentido común». La violencia física es solo el último eslabón de una cadena que comienza en los micrófonos del Congreso y en los programas de gobiernos que, por omisión o acción, validan la discriminación.

El Abandono Institucional: Silencio es Violencia

Un gobierno que no condena con fuerza los crímenes de odio, o que congela el avance de normativas de protección integral, o que avala y da cabida  a discursos Trans-odienates,  está enviando una señal clara: la vida de las personas LGBTIQA+ es prescindible. Este desamparo institucional ha generado una inseguridad social que hoy mantiene a miles de chilenos viviendo en una vigilancia constante, midiendo sus gestos y sus afectos para no convertirse en la próxima cifra de un informe de derechos humanos.

El dato es devastador: según los resultados emanados de la primera encuesta web de diversidades, del instituto nacional de estadística 2025, un 73,9 % ha presentado ideación suicida. Este no es un problema de salud individual; es un suicidio social. Es el resultado de crecer en un país donde el discurso oficial te dice que tu existencia es un error o una amenaza para el orden establecido.