Mon Laferte empodera a la comunidad drag y disidente en su aclamada gira «Autopoiética»

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La evolución artística de Mon Laferte siempre ha ido de la mano de un fuerte, orgánico y visible compromiso social. Sin embargo, su reciente etapa «Autopoiética» —basada en su elogiado octavo álbum de estudio— ha sido la confirmación definitiva y espectacular de su profunda alianza con la comunidad LGBTIQ+. La multipremiada cantautora chilena, radicada hace años en México, diseñó su última gira internacional como un homenaje directo a las disidencias sexuales y de género.

Lejos de apostar por una puesta en escena tradicional o de pop acústico al que tenía acostumbrada a parte de su audiencia, Laferte sorprendió integrando elementos de la electrónica, el trip-hop y la música de club. Para llevar esto al escenario, invitó a reconocidas artistas drag queens locales en cada uno de los países que visitó, a bailarines de la escena vogue y a creadores disidentes como parte fundamental e insustituible de su espectáculo.

Sus conciertos, desde el Auditorio Nacional en México hasta el Movistar Arena en Chile, se convirtieron en actos de liberación y catarsis colectiva. Sobre la tarima, la exploración de la identidad, la teatralidad, el transformismo y el desafío a las normas hegemónicas de género tomaron el centro del escenario, creando una experiencia inmersiva que la crítica catalogó como uno de los mejores shows en vivo de su carrera.

Pero el activismo de Mon Laferte trasciende el escenario. A la par de la gira, la artista estrenó un profundo documental autobiográfico donde aborda temáticas crudas como la salud mental, el machismo en la industria y la maternidad fuera de las imposiciones sociales tradicionales. Este trabajo visual también sirvió para documentar su estrecha relación con los márgenes artísticos.

Con letras punzantes que desafían el patriarcado y una estética que bebe profundamente de la resistencia y el brillo de la cultura queer latinoamericana, Mon Laferte ha utilizado su masiva plataforma global no solo para dar un mensaje, sino para dar trabajo remunerado y una vitrina gigante a artistas disidentes. Con ello, prueba de manera tangible que ser aliado en la música implica ceder los espacios de poder y celebrar genuinamente la inagotable riqueza creativa de la diversidad.